Un taller junta la historia del auto en varios lados: un cuaderno, un mensaje y una planilla. Cuando hay que responder cómo va ese vehículo, nadie tiene el mismo dato.
La orden de trabajo debería ser el único documento del auto mientras está en el taller. Ahí viven el cliente, la patente, el motivo de ingreso, el diagnóstico, los repuestos, la mano de obra y el estado. Si no está en la orden, no está acordado.
Eso evita dos versiones. Recepción, técnico y quien entrega leen lo mismo. Un pendiente, una pieza pedida o un trabajo autorizado no queda solo en la memoria de quien atendió.
TallerAlDía arma la visita alrededor de esa orden. El auto avanza de recepción a entrega sin abrir otra planilla para saber qué se hizo.